Me blanqueo los dientes con bicarbonato y limón

El bicarbonato es el típico producto que nuestros abuelos tienen en casa, que no sirve para nada o, todo lo contrario, sirve para absolutamente todo. Seguro que llevas toda la vida preguntándote por qué tienen un bote de bicarbonato en la cocina, y quizá otro en el baño, posiblemente de un fabricante que ya no existe y ya convertido en una especie de fósil. Si buscas por internet para qué
sirve, es bastante probable que te encuentres con que milagrosamente sirve para todo. Para lo que más, para que los bizcochos te queden esponjosos y para blanquearte los dientes; así de polifacético es el bicarbonato. Uno de los trucos caseros que me han contado para lucir una sonrisa radiante consiste en cepillarse los dientes con una pasta hecha con aceite de coco, esencia de menta y bicarbonato. El segundo consiste en un enjuague a base de agua, vinagre y bicarbonato. El tercero, posiblemente el más difundido en las redes sociales, consiste en cepillarse los dientes con una pasta hecha con limón y bicarbonato. El último se basa en restregarse los dientes con frutas, con fresas machacadas, con la piel de un plátano y, sorpresa, todo mezclado con bicarbonato.

¿POR QUÉ SE OSCURECEN LOS DIENTES?
El esmalte dental es la parte más superficial de nuestros dientes, es insensible al dolor y está formado principalmente por hidroxiapatita, un compuesto de calcio. Bajo el esmalte se encuentra la dentina, que es donde sí tenemos sensibilidad. Unas encías retraídas o un esmalte erosionado o permeable dejan al descubierto la dentina y, por tanto, ocasionan la temible sensibilidad dental.
Las manchas que a veces aparecen en los dientes pueden ser blancas, amarillas o marrones, dependiendo de cuál sea la causa. Las más comunes son las amarillas, que suelen deberse a un deterioro del esmalte que, además, ocasiona un aumento de la sensibilidad dental al frío, al calor y al dulce. En este caso, los dientes afectados suelen tener los bordes ligeramente translúcidos. Las causas pueden ser desde sustancias o alimentos ácidos, como los cítricos, el vinagre, los jugos gástricos o agentes blanqueantes, el bruxismo o que nos cepillemos los dientes de forma agresiva. Las manchas marrones en la mayoría de los casos están causadas por el tabaco o el consumo excesivo de alcohol, café o té negro. Todas ellas, al margen de los colorantes que contienen, alteran el equilibrio de la flora bacteriana presente en la cavidad oral y favorecen la formación de placas de sarro que se pueden percibir en la línea de las encías y que facilitan tanto la formación de caries como el desarrollo de otras patologías. Las manchas blancas son las menos comunes. Lo más habitual es que la causa sea una descalcificación de zonas aisladas del esmalte dental y, en general, suelen ser el anuncio de la futura aparición de caries. También es posible que se deba a un problema surgido en la formación de los dientes definitivos. Otra posible causa es la de los tratamientos de ortodoncia cuando no se mantiene una higiene oral adecuada, lo que facilita la acumulación de placa bacteriana bajo los brackets.

Yo he probado el bicarbonato con limón y funciona
Si alguna vez has probado a frotarte los dientes con limón y bicarbonato, o algo similar, quizá hayas comprobado que, tras unos días haciendo eso, tus dientes parecían más blancos. Esto tiene truco y tiene consecuencias. La mayoría de remedios caseros para blanquear los dientes se centran en el bicarbonato. El bicarbonato es una sal y, como tal, forma minúsculos cristales. Si frotamos estos cristales contra nuestros dientes, suspendidos en agua o en un aceite, estaremos rayando nuestro esmalte, es decir, destruyendo un tejido que no se regenera. Los productos comerciales blanqueadores que contienen bicarbonato, sílice hidratada, alúmina o fosfato cálcico también son abrasivos, pero están formulados para que la exfoliación sea homogénea y superficial. Aun así, no se debe abusar de ellos y están contraindicados en casos de sensibilidad dental. Los ácidos también causan erosión, en este caso porque son capaces de disolver la hidroxiapatita que compone el esmalte. Si nos frotamos los dientes con zumo de limón, vinagre o con cualquier fruta rica en ácidos, estaremos promoviendo la desaparición del esmalte. Tanto el bicarbonato como el ácido del limón o del vinagre hacen que el esmalte se erosione. El esmalte no se regenera, con lo que estaremos dejando nuestra dentina más expuesta, con los consecuentes problemas de salud que eso acarrea. Hay que tener en cuenta que, al erosionar el esmalte, también
estamos arrancando las manchas; por eso puede parecer que el remedio funciona. Pero lo que realmente estamos haciendo es algo tan descabellado como limarnos los dientes e ir quedándonos sin esmalte.

Cómo prevenir y curar unos dientes oscurecidos
Después de consumir una sustancia ácida, como un zumo o un refresco de cola (que contiene ácido fosfórico), no debemos utilizar pasta de dientes inmediatamente, sino que lo aconsejable es enjuagarse la boca con agua y esperar varios minutos antes de lavarlos de forma habitual. Para mantener los dientes blancos hay que llevar una dieta pobre en alimentos con colorantes potenciales, no tomar café, no fumar, tomar té blanco o verde en vez de negro, tener una higiene bucodental adecuada, visitar al dentista para hacer limpiezas cada seis meses o por lo menos una vez al año. Si tienes manchas en los dientes o un esmalte oscurecido, lo primero que
debes hacer es acudir al dentista, estudiar las causas y diseñar un tratamiento personalizado. Los tratamientos blanqueadores profesionales habituales se basan en aplicar un concentrado de peróxido de hidrógeno que puede ser activado o no por luz (láser, led, etc.), y, en los tratamientos que se llevan a cabo en casa, prescritos por el dentista, se utiliza peróxido de carbamida, con el que se rellenan unos moldes a medida. En ambos casos se consigue el blanqueamiento por medio de reacciones de oxidación controladas  que no erosionan el esmalte.

CONCLUSIÓN
Los remedios caseros a base de sustancias ácidas, como el limón, y abrasivas, como el bicarbonato, combinan dos formas de erosionar el esmalte. Una por ataque ácido y la otra por fricción. Ambas producirán daños irreparables. Lo peligroso de estos métodos es que a corto plazo parecen dar buen resultado. Como se elimina la capa oscurecida de los dientes, sí que obtenemos un leve blanqueamiento (aunque incomparable con un blanqueamiento profesional). Este resultado se debe al desgaste del esmalte del diente y, a largo plazo, resultará muy perjudicial para nuestra salud dental.